Cómo manejar las emociones en las empresas

En los cursos de formación en las empresas sobre el tema de la gestión, se suele definir primero el papel del manager. El primer punto es construir las habilidades del equipo y hacer que cada empleado sea autónomo. Las relaciones humanas siempre han estado en el centro de la empresa y su buen funcionamiento, pero aún más hoy en día. Como manager, un mejor manejo de las situaciones con riesgos emocionales le permite ser más eficiente. En este articulo, veramos cómo el manejo de las emociones puede permitirte cumplir plenamente este papel. Es decir, cómo manejar las emociones en las empresas.

¿Cuál es el lugar de las emociones en el contexto profesional?

No hay escasez de oportunidades para sentir emociones en el trabajo. Miedo a no lograr cerrar un expediente, molestia ante lo inesperado, miedo a ser juzgado por el trabajo, decepción cuando no se siente reconocido por sus habilidades, nerviosismo cuando no se siente escuchado…

Muchas veces reprimimos y negamos estas emociones porque nos asustan. Tendemos a pensar que mostrar nuestras emociones refleja una debilidad o que permite que otros se aprovechen de ella para imponerse sobre nosotros. 

Estas emociones, por desagradables que sean, son legítimas y más que útiles. Son un indicador precioso de lo que estamos experimentando en un momento dado y al reconocerlos, comprenderlos y expresarlos a los que nos rodean, nos damos la oportunidad de actuar. Esto nos pone en el lugar correcto y nos permite avanzar a pesar de las dificultades. También significa hacer que la otra persona entienda lo que nos motiva a trabajar juntos con más calma y, por lo tanto, con más eficacia.

¿Se puede realmente manejar las emociones?

Ser consciente de la emoción cuando ocurre es distanciarse de ella.  En otras palabras, al reconocerla, necesariamente damos un paso atrás de la emoción que nos atraviesa. Por definición, las emociones no están hechas para durar: señalan una necesidad que no se satisface en un momento específico de nuestras vidas. 

¿Qué necesidad hay? Ser escuchado, reconocido, tranquilizado, ayudado… ¿Qué podemos hacer concretamente para satisfacer esta necesidad?

Escuchando esta emoción emergente e intentando comprenderla, nos ofrecemos la oportunidad de superarla y de usarla como palanca para actuar de forma positiva, efectiva, sin ser abrumados por ella.

¿Cómo manejar las emociones en las empresas?

En la inteligencia emocional, nombrar las emociones te permite reducir su intensidad. Los empleados de la empresa deben aprender a poner palabras precisas a lo que sienten, usando una paleta emocional. De esta manera, se conocen mejor a sí mismos enriqueciendo su vocabulario emocional para estar conectados a sí mismos.

¿Cómo podemos decir lo que sentimos a la otra persona si no lo sabemos nosotros mismos? 

Porque otra forma de domar las emociones de uno es expresárselas al otro, sin agresividad ni reproches, es mejorar la inteligencia relacional. En resumen, entender lo que nos impulsa y la frustración que sentimos, y encontrar juntos una solución para avanzar en la misma dirección, con un espíritu de equipo.

Tristeza, ansiedad, ira, alegría… Las emociones son, por desgracia, todavía tabú en la empresa. Equivocadamente.

Los estudios han demostrado que las emociones, como la intuición, ayudan a acelerar la toma de decisiones. Por lo tanto, es de interés para el gerente reconocer y expresar lo que le afecta a él o a ella, pero también a los miembros de su equipo. 

El miedo, una emoción que paraliza

El miedo es no ser capaz de hacer frente a una situación difícil. Si no se controla bien, crea rigideces en el comportamiento. Puede llevar a un exceso de control de los empleados y de uno mismo.

La solución: Primero, admitir su miedo, luego transformarlo en un desafío con medios y un plan de acción.

La ira, emoción fría o explosiva

Esta emoción se asocia a menudo con la agresión. Sin embargo, es vital porque permite mover un obstáculo, rodearlo o huir de él. Sirve para identificar una necesidad de cambio y ofrece la oportunidad de cambiar las cosas. Dejar esto claro evitará una reacción violenta.

La solución: canalizar su ira dando un paso atrás y expresarla yendo directamente al grano mientras recuerda el contexto. 

La tristeza, Una emoción que aísla

Esta emoción se equipara a menudo con el campo privado y se considera una debilidad. Pero quedarse callado es arriesgarse a quebrarse en público o a quedarse encerrado en su oficina. Dejan espacio para todas las posibles interpretaciones y corren el riesgo de generar ansiedad en el equipo.

La solución: En primer lugar, hablar del contexto y de los hechos para deshacerse de la emocionalidad y dar lugar a lo racional, mostrando al mismo tiempo sensibilidad y capacidad de ser afectado.

La vergüenza, la emoción que está en alza

Es una emoción compleja que mezcla el miedo y la ira que te vuelves contra ti mismo. Te encuentras incompetente porque has entregado un expediente chapucero o has cometido un error garrafal con un colaborador.

La solución: Dejar de lado el juicio negativo sobre sí mismo y encontrar fórmulas que arreglen la situación. Es cuestión de tener las palabras adecuadas para expresar tu vergüenza a la persona con la que estás hablando.

La alegría, una emoción descuidada

Esta emoción positiva no es tan fácil de exteriorizar. El gerente teme mostrar su gratitud a riesgo de cosechar solicitudes de aumento, teme alegrarse de su ascenso por miedo a los celos…

La solución: compartir su satisfacción de forma natural sin retrasarla. Es simple, corto y deleita a la persona en cuestión y a los que la rodean.

(conclusión)

Descifradas, dominadas y comunicadas con precisión, las emociones pueden hacer más fluidas las relaciones interpersonales y fortalecer el liderazgo. Son la clave de la gestión personalizada.