¿Cómo evaluar un curso de formación?

Ya sea por obligación legal, a efectos de una transformación, para asegurar la empleabilidad de sus empleados o para formar a sus recién llegados, toda empresa se encuentra en la posición de tener que formar. Ya sea que la empresa opte por formar a través de recursos de capacitación internos o de organizaciones externas, debe plantearse sistemáticamente la cuestión de la eficacia de la capacitación y su rentabilidad. Cuando hablamos de formación eficaz, debemos tener en cuenta varios factores de eficacia: el de la formación del participante, el de la empresa a la que pertenece el participante y, por último, el que el formador debe tener en cuenta para que la intervención sea un éxito. 

Pero entonces, ¿cómo podemos asegurarnos de que la formación sea “efectiva”? ¿Y a través de quién puede convertirse en efectiva ? 

En este artículo, veremos lo que la eficacia de la formación realmente sugiere para los 3 participantes a ese proceso.

¿Cómo mide el participante la eficacia de su formación?

Cómo evaluar un curso de formación:La eficacia de un curso para un alumno está directamente relacionada con el propósito para el que fue contratado. ¿Es para acompañar una evolución profesional? ¿Es para mejorar sus habilidades? ¿Cambiar de dirección? ¿En respuesta a una petición de su empleador?

De hecho, la eficacia del curso para un participante no se limita a cómo se siente al salir del curso. El hecho de que sientan que han aprendido cosas ya es un excelente comienzo, pero es aún mejor que puedan implementarlas y activarlas en su vida profesional diaria. La eficacia estará en juego aquí: en la capacidad del participante para transformar lo que ha visto en entrenamiento, en un verdadero progreso para él, de habilidades, técnicas, conocimientos y habilidades interpersonales.

Por lo tanto, será esencial que estas nuevas habilidades se apliquen lo más rápidamente posible. Es posible que la formación haya sido sumamente pertinente, pero si la aplicación de lo que se ha visto en ella no se lleva a cabo hasta unas semanas más tarde, inevitablemente será menos eficaz.

Por eso puede ser interesante, antes de salir para la formación, definir unos objetivos a alcanzar: “al final de la formación, quiero ser capaz de…” e imaginar ya un calendario para ponerlo en práctica: ¿Cuándo podría utilizar esta habilidad? ¿Cuándo podré trabajar en este nuevo software? Una vez de vuelta al trabajo, el participante podrá comprobar si la formación le ha permitido alcanzar sus objetivos y si dispone de los medios para llevarlos a cabo.

¿Cuál es el papel de la empresa en la eficacia de esta formación?

El envío de un empleado en formación siempre refleja una expectativa de la empresa: aumentar el capital de habilidades y conocimientos del empleado. Mencionamos los objetivos del participante para realizar un curso de formación: es relevante tener en cuenta también los de la empresa. Un intercambio entre el gerente y el empleado es necesario para establecer el marco de la futura formación: ¿por qué asiste el empleado? ¿Cuáles son las expectativas del gerente? ¿Cuáles son los objetivos a alcanzar?. Esas cuestiones son necesarias para afrontar cómo evaluar un curso de formación.

El gerente (y la empresa en su sentido más amplio) debe tener en cuenta que la formación será tanto más eficaz cuanto más pensados y posibles sean los medios para llevarla a cabo. La capacitación sigue siendo una palanca de rendimiento para cualquier organización, por lo que es importante aprovechar su eficacia, darle tiempo y reflexión y afinar la necesidad: ¿qué aportará la capacitación? ¿A quién? ¿Qué es lo que está en juego? ¿Qué criterios objetivos nos permitirán medir que ha funcionado?

¿Es el formador la clave de la eficacia? ¿Cómo evaluar un curso de formación?

Para el formador, la eficacia de una formación tendrá varios impactos, pero dos impactos destacan: el comercial y el de la notoriedad. La formación eficaz, que es muy aclamada, trae nuevas solicitudes y nuevos clientes. Pero también influirá en la pertinencia de la elección del proveedor de formación, su capacidad para escuchar la necesidad y proponer una respuesta adecuada.

Esta respuesta se hace a través del diseño del contenido de la formación, pero también a través de su animación. Para que un curso de formación sea eficaz, debe tener en cuenta los diferentes tipos de participantes, sus expectativas y conducirlos a todos hacia el logro de sus objetivos. Este aspecto se traduce, en particular, en la creación de una secuencia pedagógica adaptada, que respeta los ritmos y los tipos de aprendizaje, las capacidades de concentración, la vida del grupo.

Por último, la eficacia de un curso de formación o cómo evaluar un curso de formación también depende de su memorización. De hecho, la tecnología digital ofrece una ventaja importante para reforzar la eficacia de la capacitación: permite proporcionar fácilmente ayudas didácticas para anclar la información vista y facilitar la memorización. Podemos imaginarnos momentos de intercambio con el formador que nos dará acceso a recursos pedagógicos adicionales en línea, ya sea para repasar un punto a tratar, proponer un ejercicio, devolver puntos clave de la formación, …

Esta “explotación” de la formación permanente, en la vida cotidiana de los participantes, se convierte en un instrumento para su propia eficacia.

(conclusión)

Así pues, la eficacia de un curso de formación puede medirse en particular gracias a la participación de sus diversos agentes y su objetivo común. Un buen entrenamiento es aquel que permite el progreso en el aprendizaje y en la puesta en práctica. Y usted, ¿cómo ve el éxito de un curso de formación?