Escuchar parece algo fácil. Sin embargo, existen cuatro niveles diferentes de escucha. Y no me refiero a la necesidad innata que tenemos los humanos por hablar. “Somos esclavos de nuestras palabras y dueños de nuestros silencios”.
Pero bueno, vamos a ver los diferentes niveles:
Oir. Es el nivel más superficial de escucha. De hecho, no es ni siquiera escucha. Oir registra las ondas sonoras de la voz del otro. Puedes estar oyendo a alguien y al miamo tiempo estar pensando o haciendo otra cosa. Para oir no se necesita prestar atención. Oir por tanto es una acto pasivo. Te oigo pero no te escucho signifoca que me llega el sonido pero no presto atención.
Escuchar a. El segundo nivel consiste en escuchar a alguien, pero con una pregunta en nuestra mente: “Qué significa esto para mí?”. Es decir estamos escuchando desde dentro de nuestra propia existencia, utilizando lo que el otro nos cuenta para activar nuestros propios sentimientos. Por ejemplo puede que nos esté hablando de una relación con su jefe y nosotros estemos pensando en nuestra relación con nuestro jefe o en cómo sacarle partido. Este es un nivel cotidiano de escucha, adecuado para conversaciones ordinarias. Se detecta porque cuando hayamos terminado de hablar, el otro empezará con algo parecido a: “Pues yo, o pues amí…”
Escucher para. Este tercer nivel corresponde a buscar algo en lo que la otra persona nos dice. El que escucha puede tener una idea en la mente, filtra lo que le dice su interlocutor y lo selecciona para conformar una opinión. Por esto, el que escucha tiene que establecer un diálogo interno para establecer la opinión.
Escucha consciente. Consiste en una escucha profunda con un mínimo de juicio. Nosotros mismos nos mantenemos al margen. Hay por tanto un mínimo de diálogo interior. En este nivel la percepción y la intuición funcionan mejor. Por tanto hay que evitar los diálogos internos. Si estamos pensando en nosotros mismos no podemos escuchar. Por ejemplo pensar cómo vamos vestidos, o si estoy cansado y deberíamos sentarnos, o la hora qué sera… o incluso si intentamos adivinar lo que nos va a decir nuestro interlocutor, estamos poniendo dificultades a este tipo de escucha.
El coacher debe dominar los dos últimos niveles de escucha para poder ayudar a su cliente.
En coaching, basta algunas veces con ser capaz de expresar las creencias limitadoras y prever sus efectos para que el cliente las cambie y con ello mejore su propia realidad.
Las greencias limitadoras son las principales culpables de que las personas no alcancen los objetivos y vivan sus propios valores. Se pueden identificar claramente cuando el coach pregunta: ¿Qué te impide alcanzar tu objetivo?
Algunas crrencias típicas:
Tengo que trabajar mucho para ganar dinero y poder vivir
Sin esfuerzo y sufrimiento no hay beneficio
Para ser feliz hay que tener mucho dinero
El éxito requiere tiempo y constancia
No puedes fiarte de nadie
La gente tiene suerte, yo no
Solo triunfa el que tiene dinero
No puedo con los ordenadores
No puedo prescindir de este trabajo. Cambiar es imposible
No puedo majorar sin pisar a otros
Nunca consigo lo que quiero
La vida es dura
He llegado a mi límite
…..
El primer paso consiste en que el cliente se de cuenta de que tiene autoimpuestas estas u otro tipo de creencias limitadoras.
En general, para que el cliente o nosotros mismos alcancemos los objetivos, debemos creer en tres cosas:
Posibilidad: el objetivo es alcanzable
Capacidad: somos capaces de alcanzarlo
Merecimiento: nos merecemos conseguirlo
Para ello trabajaremos en las tres áreas corrigiendo sus autodiálogos (PNL), su nivel de activación, etc.
Las creencias nuevas han de estar encaminadas a las del coaching:
Si quieres comprender, actúa
No hay fracaso, tan solo aprendizaje
Tenemos todos los recursos que necesitamos o podemos crearlos
En el pasado, la misión de 3M, era: “resolver problemas de comunicación a través de la innovación”. Algunos ejemplos de esto fueron los post-it, las cintas reflectantes o los proyectores de transparencias.
Este último es genial y demuestra las habilidades de marketing que tiene la empresa….
Desde el año 2000 no he vuelto a fumar. Me hice el firme propósito de no probar NI UNO MÁS, NUNCA, debido a los efectos en un familiar.
Algunos anuncios pueden ayudar a ver las cosas tal y como son. Fumar ni cura, ni pone más guapa, ni integra en el grupo ni ayuda a ahorrar. Fumar sólo perjudica.